En temas de agilidad o de transformación de procesos de trabajo actuales, he observado que el enfoque principal es optimizar y apoyar el trabajo de los equipos que ejecutan o crean un producto. Por ejemplo, en el ámbito del desarrollo de software nos enfocamos en el equipo de desarrollo o en mejorar los procesos de trabajo, capacitamos y apoyamos a los participantes del proceso, pero estamos dejando de lado a nuestro cliente. No estamos capacitando al Product Owner o dueño del negocio, para que entienda la nueva forma de trabajo.
¿Cómo lo apoyamos para que identifique lo que realmente necesita para solucionar su inquietud?¿Cómo le ayudamos a que defina de mejor manera su requerimiento?¿Cómo puede identificar realmente cuál es el problema real? Generalmente, se espera que sepa lo que necesita o saber con cierto grado de certeza cuál es problema que tiene, pero que en la práctica, parece ser que no logra resolver el enigma.
En todos lo ámbitos de los problemas humanos, para saber qué es lo que realmente necesito, el mejor camino es detenernos un momento y mirar la situación que nos duele, tratando de tomar algo de distancia respecto de ella y empezar hacernos algunas preguntas tales como ¿por qué me incomoda ésta situación?¿qué me ésta pasando con esto? En general, son preguntas que me permiten entender la causa raíz de lo que está sucediendo.
La mayoría de las veces no logramos visualizar con claridad la problemática y necesitamos ayuda para poder analizar las situaciones con algo de distancia. Para ello, podemos recurrir a una diversidad de herramientas, como por ejemplo, en el ámbito empresarial la metodología A3 creada por Toyota o la Teoría de Restricciones propuesta por Eliyahu M. Goldratt, nos permiten estructurar situaciones sacando a la luz las oportunidades de mejora que debemos abordar e identificar posibles soluciones.
También una buena parte del proceso de análisis, es compartir nuestros problemas con otros, no buscando que nos den una solución o un camino claro a lo que debemos hacer, pero si logrando observar aristas que no hemos visto, puntos de referencia nuevos que nos ayudan a enriquecer la descripción del problema, disminuyendo los puntos ciegos que podamos tener.
Es importante detenerse un momento y pensar sobre las situaciones, no sólo hacer por hacer, ya que podríamos estar gastando energía en dar solución a situaciones o a cosas que están funcionando bien, para posteriormente darnos cuenta que el problema de fondo persiste y que lo implementado no fue de utilidad.