Saber qué me hace bien
Este fin de semana me invitaron a un evento al cuál no sabía de qué se iba a tratar, ni qué iba a aprender, sin embargo me pareció interesante abrir a nuevas experiencias y jugar cuál niño conociendo un barrio nuevo.
Desde que entramos al evento tenía la sensación de que algo no estaba bien para mi, no obstante empecé a trabajar mi presencia, es decir, me di cuenta que mi proceso de calificación de la situación (esto está bien, esto está mal) se había disparado y claro como “me di cuenta” pude domar a mi mente para que permaneciera lo más neutra posible.
Debo decir que fue un trabajo arduo para estar en presente absorbiendo el conocimiento y los otros puntos de vista que pudieran aparecer, de hecho descubrí un par de cosas nuevas de mi, no de lo que me estaban entregando.
Y llegó la hora del almuerzo donde me di la oportunidad de evaluar la situación, si quería o no seguir participando en el evento en cuestión.
Puse los elementos sobre la mesa para preguntarme ¿me gusta lo que estoy sintiendo? ¿me siento a gusto donde estoy? Y evalué lo que a mí me pasaba, no entregando la responsabilidad a otro, sino que haciéndome cargo de lo que yo sentía en determinada situación.
A partir de ahí decidí no continuar participando en el evento, porque me di cuenta que iba en contra de mis valores y mi más profundo sentir.
Podría a ver dado espacio a la obligación de continuar participando, pero si yo iba a sentirme fuera de lugar y eso podría afectar al resto del grupo, decidí mejor dar un paso al lado.
Te cuento todo esto porque a veces hay situaciones muchos más intensas y mucho más duraderas en el tiempo donde nos sucede algo parecido, por ejemplo:
- El trabajo donde no estás a gusto
- La relación de pareja a la que estamos acostumbrados
- La relación de amistad a la que somos dependientes.
Etc., etc., etc., y permanecemos en estas situaciones, contándonos una historia que no te ayuda ni a ti, ni a quienes te rodean, nos aferramos a un proceso de malestar, tristeza o incluso enojo, porque creemos que no podemos o que algo externo nos impide salir de ahí.
Y para poder salir de ahí solo basta con tener claridad sobre mis valores, sobre qué quiero, con qué resueno en la vida y tener la valentía de elegirlo.
Así te invito a que te conozcas a ti mismo, te des cuenta de ti, de lo que te pasa, de lo que necesitas, de lo que te hace bien y dirijas tus pasos hacia allá.
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