Resistir el cambio
Como buena coach estoy constantemente trabajando en mí y revisando que puedo mejorar para ser un mejor ser humano, porque creo que cuando mejoras como ser humano todas las áreas en que participas mejoran: trabajo, familia, amistades, etc.
Este último tiempo he estado en un proceso que me invita a cambiar mucho, a romper esquemas mentales de cuajo, a reinventarme desde un punto vista que algunas veces creo que no entiendo o no comparto.
Sin embargo, estos días he observado que está siendo tan grande mi resistencia que me bloquea y no me abro a entender a escuchar como realmente se necesita, estoy cegada y aferrada con todo mi cuerpo, mi mente, mi ser a una estructura que ya está obsoleta.
Sí, obsoleta, porque ya no es suficiente para dar el siguiente paso, ya no es adecuada para crear una nueva realidad, esa realidad que mi corazón tanto me empujó a buscar.
¿Qué será que nos aferramos tanto a cosas, situaciones o personas que vemos que no nos ayudan y en vez de alejarnos nos aferramos con uñas y dientes a ello?
¿Qué será que siempre pensamos que lo que viene será menos de lo que tengo o soy actualmente?
Y el cuerpo habla y te dice que sueltes, ya que cada vez que presentas resistencia a observar sin velos lo que se me está mostrando, terminamos enfermos.
La rigidez es tal, que células en el cuerpo ya no funcionan adecuadamente, que la mente está mareada de pensar tanta necedad, en vez de abrirse a la nueva experiencia.
Dejarse fluir, entregarse, eso dice el corazón, pero no logramos escuchar, no queremos escuchar.
No obstante, en algún momento, el cansancio nos gana y dejamos que todo pase, que todo fluya, que todo sea como tenga que ser.
Respiramos profundo, quizás lloramos la pérdida de aquello a lo que nos aferrábamos, luego miramos adelante y seguimos avanzando, dándonos cuenta que el paso que dimos era el correcto.
Detente, respira, siente y escucha tu interior.