Hace tiempo que se está hablando de la implementación de agilidad en las empresas, en los equipos, incorporar marcos de trabajo, etc., pero no veo que exista un proceso de hacer ágil a las personas, que son las que componen los equipos y empresas.
Si las personas no entienden cómo ser ágiles consigo mismas, para llevar su día a día en formato de agilidad, difícilmente pondrán entender cómo aplicar la agilidad compartida para obtener un producto conjunto.
Para entender qué significa ser ágil, hay que tener en mente que quién es ágil está en constante aprendizaje, es un ser que no lo sabe todo y que está dispuesto a experimentar de forma continua para poder obtener un resultado, sacando el mayor provecho del proceso de experimentación.
El ser ágil es un ser que tiene un comportamiento como un niño, mantiene viva la curiosidad, se permite incorporar nuevas ideas a su conocimiento, no se culpa por no apuntar al resultado a la primera sino que vuelve a intentar y que disfruta de compartir con sus compañeros que complementan su historia o juego.
El ser ágil tiene incorporado como hábito el proceso de “aprender a aprender”, donde frente a cualquier problemática que se presente es capaz de investigar y generar instancias para incorporar nuevos conceptos abrirse a posibilidades e innovar continuamente.
Pero muchos de los adultos que componemos la fuerza laboral actual no nos han enseñado nada de lo que he descrito.
Todo lo contrario, nos han enseñado que debemos ser perfectos, competitivos, que el fin justifica los medios, que “cada uno se salva solo”, el grupo o el equipo no es importante y qué tenemos que saberlo todo.
Entonces, cuando una empresa decide implementar agilidad debe preocuparse de romper estos paradigmas, sino la implantación de la agilidad se hace más compleja con una alta probabilidad de fracasar.
Como empresa necesito hacerme cargo de que los profesionales sientan que están en un ambiente seguro de creación y aprendizaje, para que emocionalmente puedan comprometerse con los procesos de cambio e innovación, para dejar de tener miedo a que me van a despedir si me equivoco o si digo algo diferente a lo que piensa el jefe.
Si apoyo a mis profesionales ellos tendrán un mayor compromiso, ya que tendrán tranquilidad, se sentirán motivados y podrán adoptar nuevas formas de trabajo que los involucre como actores relevantes dentro de la generación de valor en la empresa.
¿Qué falta para que un gerente, director o líder de empresa se de cuenta de la importancia de esto si también son seres humanos? Yo creo que falta que ellos sean ágiles, que ellos sean un ejemplo de agilidad.