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Relaciones versus compromisos

Nuestra existencia se valida a través de las relaciones que tenemos con todas las personas que nos rodean, en nuestra familia, en nuestro trabajo, con los amigos, etc.

Estas relaciones se mueven por dar y recibir. Según lo que estipule la relación son las cosas que doy o recibo, es decir, hay un intercambio de acciones que genera un equilibrio/desequilibrio según la cantidad de cosas o energías que intercambie.

Si es padres – hijos puedo entregar y recibir amor, entregar conocimiento y recibo agradecimiento o rechazo, si entrego indiferencia puedo recibir indiferencia u otros sentimientos.

 Si es en el trabajo puedo entregar valor y recibir agradecimiento o nada, puedo entregar apoyo y puedo recibir apoyo, agradecimiento o nada y así continuar con todas las combinaciones que pueda imaginar.

Al mirar estos intercambios podemos observar que las relaciones tienen un abanico de compromisos tanto explícitos e implícitos que deberían ser cumplidos por ambas partes de la relación, pero la pregunta que me surge es ¿nos damos cuenta de que hemos establecido estos compromisos? Y lo que es más importante ¿nos damos cuenta que debemos cumplirlos para mantener una relación saludable?

Esto último es lo que usualmente llamamos expectativas, donde creemos que alguien tiene algún compromiso conmigo, que nunca ha sido explícito, pero yo evalúo la relación que tengo con esa persona a partir de ese compromiso silencioso.

Por ejemplo, en el trabajo uno quizás puede esperar que el jefe lo respete, le diga las cosas con claridad, que ayude a mejorar como profesional indicando las áreas débiles, que destaque las cosas buenas y fomente la autonomía.

Y al revés, el jefe quizás espera de ti que entregues tu mejor esfuerzo, o que entregues perfecto lo que te pide, que no te equivoques nunca y nunca le preguntes nada, o quizás está esperando poder ayudar y facilitar, dar soporte en tu desarrollo profesional, tantas cosas como tu cabeza imagine.

Pero si nada de esto se ha dicho ¿cómo esperamos que nos cumplan ese compromiso? ¿cómo es posible cumplir una expectativa? Esperamos que el otro piense igual que yo, sienta igual yo, haya crecido con los mismos valores que yo, que haya pasado por los mismos aprendizajes que yo y con eso esperamos que el destino nos ponga las relaciones perfectas porque todo el mundo sabe lo que yo sé.

Sin embargo, cada ser humano es único, cada uno mira el mundo con un prisma particular y tan válido como el tuyo, como el mío, como el de cualquiera, donde para poder convivir en armonía tenemos la responsabilidad de construir una mirada conjunta, la que podemos crear a través del lenguaje.

El lenguaje nos regala la oportunidad de cultivar las relaciones, preguntando, compartiendo puntos de opinión diferentes, explicando nuestros puntos de vista para generar espacios de encuentro. Entonces, partamos por preguntar ¿qué esperas de mí? Y dejemos espacios para sorprendernos, creando nuevas bases en nuestras relaciones, creando caminos que podamos compartir, creando espacios de confianza que nos permitan avanzar.

Y aprovechando el impulso, te invito a preguntarte ¿qué esperas tú de ti? Averígualo.

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