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En la cima

Este fin de año pasé la noche de año nuevo en la cima del volcán Acatenango en Guatemala. La imagen del artículo muestra el amanecer de ese día 1 de enero de 2023.

Al estar allá arriba pensaba y sentía muchas cosas porque esto para mi es experiencia nueva, no es mi deporte hacer trekking, no me dedico de forma continua durante el año, solo subo algunos cerros porque me gusta disfrutar de la naturaleza de los bellos paisajes y de la energía que en estos lugares encuentras. 

No obstante, nunca imaginé lo difícil que iba hacer subir el Acatenango para mi. Este volcán tiene caminos muy empinados, con tierra de lava como piedrecilla que está suelta y hace que resbales dándote la sensación de dar dos pasos para delante y como tres para atrás.

Mientras subía mi cabeza daba vueltas y me preguntaba ¿por qué estaba ahí? ¿qué me había impulsado a subir? ¿cómo me había envuelto en esta aventura de hacer algo diferente para el nuevo año? Y así muchas otras preguntas que quedaron sin respuesta al llegar a la cima.

Cuando ya estuve ahí arriba si bien en un primer instante conecté con la sensación del logro, de la meta superada, no pude más que sentirme como una gota de agua en la inmensidad del mar, era un pedacito pequeñito de algo en la inmensidad de este hermoso planeta.

Sentir que estás en cielo, que estás entre las nubes, mirando los volcanes de alrededor, el amanecer, lo implacable del frío, compartiendo la alegría de muchos que también subieron, es una sensación de conexión con el universo, con otros y contigo mismo que es impagable, pero ¿qué era lo que esta aventura me quería mostrar?

Cuando tomé la decisión de hacer este viaje no tenía ni idea que iba a pasar, si iba a poder subir, si iba hacer fácil o difícil, si iba hacer bonito o feo, solo sabía que estaba:

  • Sin expectativas, porque no sabía a ciencia cierta qué significaba.
  • Sin miedo, porque sentía y creía que sí lo podía hacer.
  • Con ganas, porque sí tenía el impulso y quería hacerlo.
  • Sintiendo mucho amor por lo que iba hacer, ya que estaría compartiendo con personas que son muy importantes para mi.

Con esto ya era suficiente para hacerlo y lo hice. Entonces ¿Por qué en este proceso que era mucho más desconocido para mi tenía menos miedo de enfrentarlo que cosas de la vida que conozco mucho más y que deberían atemorizarme menos? 

Y la respuesta es simple… porque confié… confié en mi, en que mi cuerpo me acompañaría, en que dominaría mi mente, en las personas que me rodeaban, en que la naturaleza nos acompañaría, en que la vida dispondría de todo lo que necesitaría para este viaje.

Sólo basta con confiar en que te conoces, en que eres capaz, en que la vida misma te sostendrá si tu mueves tu energía y todo lo que sabes para que las cosas ocurran.

La pregunta que te dejo y me dejo también a mi misma es ¿por qué no confiamos en quienes somos?¿y que en realidad todo lo que nos proponemos podemos hacerlo? Yo seguiré pensando en mi respuesta… te dejo pensando en la tuya. 

PD: si quieres aprender un método fácil de reflexión te dejo el enlace a mi libro ttps://www.amazon.com/dp/B09PM8RF79?ref_=pe_3052080_397514860

 

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