Cuando dejas el juicio
Estaba observando los días que estuve en San Salvador, con todas las actividades que tuve y toda las personas muy distintas a mí que conocí.
La pasé muy bien, pude disfrutar de cada conversación, de cada tema que se presentó, donde el 80% de ellos no tenía nada que ver con lo que yo hago o que fueran temas de mi interés.
Aprendí mucho de triatlón, de ciclismo, de historia, de arqueología, de botánica, de historias familiares y nunca, de verdad que nunca me aburrí o me sentí abrumada o rechazada.
Mientras escuchaba una de las historias miraba hacia atrás pensando en que en otro tiempo me habría aburrido muchísimo, habría estado enojada, muy cansada de esas cosas “inútiles” para lo que yo hago, entonces empecé a reflexionar qué era lo diferente en mi ahora.
Antes cada vez que me invitaban a algo yo inmediatamente lo calificaba, ponía todos mis juicios al respecto: es bueno, malo, aburrido, interesante, atractivo, cansado, etc. y una vez que hacía esto al asistir al evento, inconscientemente buscaba todas las evidencias que hicieran avalaran mi calificación, en vez de disfrutar, aprender o simplemente observar lo que sucedía en el lugar.
Me di cuenta de lo mal que lo pasaba, de lo cansada que quedaba, de la sensación de amargura con la que quedaba, todo por demostrar a mi o a alguien más que yo tenía razón en cómo había calificado la situación antes de vivirla, sin ni siquiera darme la oportunidad.
Hoy, gracias a lo aprendido, ya no es así, logro disfrutar de cada momento, persona, historia o lo que sea que esté pasando en el momento presente sin juzgar o calificar, aprendiendo, conociendo y expandiendo mis capacidades, mi mente y mi percepción.
Te invito a que vivas la vida sin juzgar y que si juzgas (que a veces es útil) dejes guardado tu juicio en un cajón y que te entregues a vivir cada situación para que disfrutes lo hermosa que es la vida cuando dejas que ella te sorprenda.
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